Saturday, November 6, 2010

Transmutación

Cuando mirás el mar te sentís ave. Desde lejos ves los edificios y las luces de la ciudad, pero te gusta fundirte con la naturaleza, es lo que te da vida, no hay sensación que disfrutes más que esa, sintiéndote animal, metamorfoseándote con un pelícano mientras se te humedecen los ojos por el viento.
Esta noche el mar se ve más hermoso que nunca, a pesar de que hay tormenta y en el horizonte resplandecen las luces de los relámpagos como si fueran reflectores. Miro atentamente tu perfil y me doy cuenta que sos feliz, en tu rostro se dibuja una sonrisa perdida mientras el viento hace bailar tu pelo sobre la cabeza y la mirada se te va en la lejanía.
“Me están esperando en las profundidades”, me decís, y respirás hondo cerrando los ojos. Yo no te hago caso.
¿“Te imaginás todo lo que hay allá abajo, todo lo que tengo que conocer”?
Me agarrás de la mano y querés llevarme al agua, pero te acordás que no me gusta el mar de noche y desistiendo de tu intención te dejás llevar por mí a la casa.
Delante del gran ventanal me atraés hacia vos y me besás. Es un beso dulce y largo. Luego corrés la puerta de vidrio y una ráfaga de aire cálido entra como para quedarse y comenzás a desprenderme la camisa y el sujetador deslizando tus manos en caricias hasta dejarme inválida de fuerzas para resistirme.
Comienza a llover torrencialmente mientras nuestros cuerpos se enredan y bailan al compás de los truenos y relámpagos.
En el horizonte los rayos parten la noche y parecen salir del mar como si alguien los estuviese lanzando al infinito.
De repente me siento en la intemperie, como si la lluvia resbalara por mi cuerpo a pesar de que estoy seca. Esa brisa que entró nos envuelve cálida y pegajosa, y tengo la impresión de estar con un lobo, con una ameba que me fagocita. Es sólo una fracción de segundo que esta sensación se hace tan vívida en mi piel..., al instante volvés a ser vos mismo quien está conmigo, pero queda esa percepción rondando, envolviéndome.
El tiempo pasa por nuestro lado inútilmente, nuestras horas tienen más minutos, nuestros minutos tienen más segundos. Pierdo noción de lo que nos rodea y el aire se vuelve aún más etéreo.
Me tomás la cara entre tus manos y hacés que te mire fijo a los ojos, siento tu mirada hipnotizándome y me parece esta vez estar con una serpiente, una boa, y no puedo hacer nada pues se enrosca en mi cuerpo y me asfixia.
Respiro profundamente y toso, es ahí cuando la presión sede y otra vez sos vos el que me abraza.
Te levantás lentamente y caminás hacia el ventanal, desde allí me decís:
“Cuando tengo los pies sobre la arena me siento vivo”, y te quedás mirando el mar.
Cierro los ojos y sonrío, un sopor me envuelve y mi conciencia se deja llevar por la somnolencia. Sueño que vuelo sobre el mar arriba de un albatros gigante y soy feliz hasta que se hace de noche y el pájaro trata de tirarme en las aguas oscuras. Me despierto con frío porque estoy desnuda y el ventanal sigue abierto, te busco por la casa, te llamo, grito tu nombre pero no estás.
Camino hacia la ventana, está aclarando y no te veo, pero allí en la arena están las huellas de tus pies descalzos que siguen su rumbo derecho y finalmente se pierden en el agua.
Una tristeza profunda me invade ahora y me envuelve como nos envolvió esa brisa cálida y pegajosa la noche anterior, y pienso que tal vez, cuando pueda sentirme animal, cuando sienta igual que vos con los pies sobre la arena, ese día pueda encontrarte en las profundidades del mar.

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